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Corto Anuja (Netflix) - El costo de lo barato

EL COSTO DE LO BARATO

Si te encontrás acá leyendo esto, probablemente sea porque seguiste mi recomendación de ver el corto "Anuja" (disponible en Netflix) Y si todavía no lo viste, te recomiendo ir a verlo antes de seguir leyendo. No voy a contar su trama. Son 23 minutos que merecen ser vistos y relatarlos haria que pierdan gran parte de su valor.

Entonces, ¿por qué escribo sobre él?

Porque cuando terminé de verlo me quedé pensando. Y quisiera contarte qué fue lo que me dejó dando vueltas. Anuja nos abre una puertita hacia otra vida: la de Anuja y su hermana, Palak, en un mundo que es el mismo que el nuestro y, sin embargo, parece tan distinto y distante. Un mundo gobernado por el mismo sistema del que nosotros también formamos parte, aunque muchas veces podamos mirar sus consecuencias desde bastante lejos.


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Anuja, de alguna manera, nos permite ponerle una cara al fenómeno masivo del fast fashion del que todos formamos parte. Ella se encuentra en el extremo más desfavorecido de este sistema. Nosotros, en cambio, estamos en el extremo “bueno”: compras con un solo click, prendas a precios bajísimos, algunas de dudosa calidad, otras realmente lindas. Lindos diseños, lindos colores.


¿Qué problema tenés con Temu?, me dijo una persona hace poco. Y me recordó las bondades de estos sitios: precios bajos, calidad aceptable, aparentemente algo maravilloso. ¿Qué problema puede uno tener con esto?

Y sin meterme en los datos duros, (que abundan y están al alcance de todos, pero que son sin dudas desmotivadores y un poco densos, porque hablan de dónde está realmente el costo de esas prendas: contaminación ambiental, huella de carbono, explotación laboral, trabajo infantil) podemos ver en este corto el rostro humano de todo eso.

Ponerle una cara a esas cifras. Ver un pedacito de sus vidas.


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Sin embargo, lo que más me llamó la atención es que, de alguna manera, este corto responde a dos cosas que tambien suelen decirme cuando hablo de esto: “que yo no compre no cambia nada, todos compran” y/o “una sola persona no va a cambiar el sistema”.

Y en ambos casos, muy a mi pesar, tienen razón.

Pero… (qué bonita esta palabra acá, ¿no?)

Este corto nos muestra que, a veces, una decisión que creemos insignificante puede ayudar a cambiar, si no el mundo en su totalidad, el de alguien en particular.


Anuja no eligió ese destino. No eligió trabajar en un taller durante catorce horas al día, ni desperdiciar su enorme capacidad de estudio, ni crecer sin oportunidades. Sin embargo, una cadena de pequeñas decisiones y voluntades termina interfiriendo.


Un maestro que nota sus capacidades y la impulsa. Una ONG que puede ofrecerle una beca porque ese maestro decidió verla. Una hermana que idea un plan y pone por delante el futuro de Anuja. Una mujer que decide pagar por unos bolsos el precio que realmente valen, 400 rupias, y no las 40 rupias a las que Anuja y Malek se veian obligadas a venderlos (la decima parte de su valor de mercado) Un guardia de seguridad que decide dejarla salir del centro comercial.


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Hay algo más en esta escena que me quedó dando vueltas: el valor de las cosas.

Las mismas 400 rupias que para el jefe parecen demasiado cuando se trata de invertir en el futuro de Anuja, son el precio justo de los bolsos que ella y su hermana intentan vender. Pero cuando Anuja entra al shopping y una mujer decide comprar dos, 800 rupias parecen no significar demasiado. No regatea. No duda.

Y pensé en cómo el valor puede cambiar dependiendo de quién mira, quién paga y qué significa aquello que está comprando.

Para Anuja, esos 400 rupias podían ser la posibilidad de rendir un examen y acceder a cosas q parecian inalcanzables. Para la mujer, 800 rupias eran simplemente dos bolsos. Y, sin embargo, esa compra terminó significando: una oportunidad, y tambien una tarde de cine con su hermana, pochoclos, comida en la calle. Un día feliz.

Quizás el valor de algo no esté solamente en su precio.


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Hay un sistema. pero tambien un grupo de voluntades haciendo fuerza de un lado o del otro. Decisiones, a veces mínimas, que pueden torcer un destino. Y a veces no tanto como un destino, sino abrir una esperanza, una ilusión, un dia mejor.

Estos momentos como el del cine con su hermana, la ilusión, la alegría, los momentos memorables, para mí, son muy importantes. Si bien no tienen el peso de “el destino”, tienen el peso de “un día”. Y la vida, al final, se compone de días.


Tambien hay decisiones tomadas del otro lado. El jefe que hace todo lo posible para retener a Anuja en la esclavitud. El primer guardia que decide perseguirla aunque ella no hubiese hecho nada. También sus decisiones tienen consecuencias, aunque otras decisiones terminen frenándolas. Al jefe: el maestro y la hermana, al 1er guardia: la señora y el 2do guardia. Que seria de esta historia sin su presencia?


Entonces volví a pensar en esas frases: “si yo no compro, igual no cambia nada”, “una sola persona no va a salvar el mundo”.

Y creo que el relato muestra que quizá la pregunta no sea si una sola persona puede cambiar el sistema. Probablemente no pueda.

La pregunta es otra: ¿qué hacemos nosotros dentro de ese sistema?

Porque comprar una prenda barata no significa que seamos responsables de todo lo que sucede detrás de ella. Tampoco dejar de comprarla va a terminar, por sí solo, con la explotación laboral o el fast fashion. Sería ingenuo pensar así.

Pero nuestras decisiones tampoco existen en el vacío.


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Cuando algo es económicamente barato para nosotros, alguien, en algún otro lugar del mundo, puede estar pagando la diferencia. Y el costo no es solamente económico. Puede ser tiempo, oportunidades, salud, libertad. Puede ser la posibilidad de estudiar. Puede ser una infancia.

Y ahí Anuja hace algo que para mí es mucho más poderoso que mostrarnos cifras: nos obliga a mirar a una persona.

Ya no es solamente “una prenda de Temu o Shein”. Es Anuja.

Detrás de esos Made in China, Made in India, Made in Pakistan, Made in Bangladesh hay vidas (aunque geograficamente tan lejos de nosotros) Hay sueños. Hay Anujas y Palaks.


Entonces, ¿cuál es el costo total de lo que compramos?

Y, sobre todo... ¿realmente estamos dispuestos a pagarlo?



Luly.


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